11.Oct.2019

Actuar sobre las causas de radicalización y revertir la tergiversación del Islam

El 11 de marzo de 2004, el 13 de noviembre de 2015 y el 17 de agosto de 2017 son fechas que constituyeron y constituyen un punto y aparte de la historia de los ataques terroristas cometidos en Europa. Del mismo modo, se configuran como momentos de inflexión no sólo en la concepción del terrorismo yihadista, sino en la de la prevención de la radicalización violenta y del papel de las víctimas del terrorismo en la lucha contra esa radicalización.

Desde esa fecha, España y Europa tuvieron que afrontar un fenómeno, el del terrorismo yihadista, que no se había mostrado en toda su crudeza en el continente con atentados de tal magnitud, complejidad y virulencia.

El 13 de noviembre de 2015, 130 personas fueron asesinadas y otras 450 resultaron heridas en París (Francia) en ocho ataques sincronizados por una célula yihadista. El ataque fue reivindicado por Daesh, organización terrorista que había proclamado el califato unos meses antes en Mosul (Irak), en junio de 2014, desde donde reclamó la unidad a todos los musulmanes pese a defender una concepción intransigente y belicosa del Islam.

Si los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid se perfilaron con el punto de partida de los atentados yihadistas de gran magnitud en Europa, el 13 de noviembre de 2015 Daesh introdujo un nuevo paradigma en el modelo de terrorismo yihadista. Revolucionó los métodos de captación en gran medida gracias a la promoción de una estrategia de comunicación y propaganda capaz de implementar los procesos de radicalización y de impulsar atentados sin necesidad de contar con estructuras sólidas en Europa.

Esas estrategias de captación que desde el 13 de noviembre de 2015 afectaron a Francia de un modo sin precedentes también tuvieron su eco el 17 de agosto de 2017, cuando en las ciudades españolas de Barcelona y Cambrills se produjeron una serie de ataques terroristas que acabaron con la vida de 16 personas e hirieron a 150. El ataque cometido con vehículos y cuchillos fue perpetrado por una célula formada por nueve jóvenes y adolescentes musulmanes de segunda generación, radicalizados y movilizados por Daesh.

Desde que Daesh comenzó su actividad terrorista, más de dos centenares de individuos han viajado desde España a Siria para integrarse en sus filas tras sufrir un proceso de radicalización. Del mismo modo, al menos 267 personas han sido detenidas en España entre 2014 y 2018 por su vinculación con el yihadismo. Muchos de los detenidos tenían vinculaciones familiares entre ellos y, de hecho, el 43% eran hermanos.

En la actualidad y a raíz de la pérdida del último enclave del Daesh en Siria, existen varias incógnitas sobre cuál será la nueva situación geoestratégica del terrorismo internacional. Pero el mero hecho de que en España al menos la mitad de los individuos radicalizados y reclutados sean ya de segunda generación sugiere la necesidad de promover y desarrollar iniciativas encaminadas a analizar la experiencia de las familias que han sufrido en su seno procesos de radicalización, con especial énfasis en la experiencia de familias de países afectados especialmente por el fenómeno de la radicalización y que ya han puesto en marcha iniciativas de prevención, sensibilización y divulgación.

Teniendo en cuenta que en la actualidad hay 140 presos yihadistas en prisiones española. Los funcionarios de prisiones, a través de diversos protocolos intentan desde hace dos décadas que las cárceles españolas no sean cantera de radicalización y captación de yihadistas. Sus intervenciones en los Centros Penitenciarios de Topas, A Lama, Almería, Villena, Mansilla de las Mulas, Estremera y Castellón, entre otros, investigando e identificando células yihadistas emergentes, han evitado diversos atentados que se estaban fraguando intramuros.

Por lo que toda investigación requiere la utilización de una metodología y del uso de unas técnicas específicas que de alguna manera alumbren o iluminen aquello que por diversos motivos se encuentra en la oscuridad.

Los expertos coinciden en decir que la estrategia de la lucha contra el terrorismo islamista radical debe tener un enfoque prioritariamente preventivo, para actuar sobre las causas del fenómeno y evitar que las personas se conviertan en terroristas, dirigiendo la acción a la lucha contra los procesos de radicalización, mediante, entre otros, el fomento de la cohesión e integración social, como elementos eliminadores de las desigualdades y la discriminación, la educación en valores y la colaboración entre los diferentes actores, manteniendo en todo momento un escrupuloso respeto por los DD.HH.

Asimismo, la lucha inteligente contra los delitos paralelos relacionados con el terrorismo islamista radical, tales como el tráfico de drogas, robo de vehículos, la trata de seres humanos y cualquier otro delito que afecte al patrimonio y que pudiera ser fuente de financiación de grupos terroristas, se postula como un elemento indispensable en la agenda policial.

Algunas investigaciones o asuntos directamente relacionados con la seguridad como el terrorismo, el crimen organizado, las redes sociales u otros entornos cerrados requieren del planteamiento y el uso de una metodología específica, ya que, bien sea el fenómeno, el objeto, o el grupo a investigar se encuentran cubierto de un especial hermetismo dado el riesgo real que puede suponer la revelación de cierta información.

Mediante la colaboración e interconexión de los trabajos elaborados y las investigaciones desarrolladas por los expertos, la posibilidad de analizar de forma eficiente las características y cuestiones más en profundidad, los ideólogos de referencia y los manuales básicos del extremismo religioso islámico, puede hacer posible el desgranar de manera científica las diferentes escuelas jurídicas islámicas, diseñar mecanismos eficaces para revertir la tergiversación del Islam realizada por los líderes extremistas, identificar el  modo en el que el terrorismo se mueve en el plano material y en el plano virtual para expandir su amenaza, así como proponer medidas que sieguen las causas profundas que alimentan el extremismo y la violencia practicada por organizaciones terroristas como Daesh.

Los principales expertos en prevención de la radicalización yihadista insisten en la importancia del entorno familiar y sobre todo en el papel clave de las mujeres, determinantes a la hora de actuar como agentes de prevención de la radicalización o incluso de desradicalización entre los miembros de sus propias familias. Los expertos también alertan de un auge de la radicalización yihadista sin precedentes desde los años noventa, que está afectando, sobre todo, a los países europeos con una mayoría de población musulmana de segunda generación o más.

El análisis conductual del delito, la perfilación del transgresor, así como dar a conocer toda esta información ante la sociedad de un fenómeno tan complejo como es el terrorismo de etiología yihadista, supone uno de los mayores retos y objetivos para cualquier profesional, incluida la comunidad de inteligencia profesional, cuyo propósito no es otro que evitar que se conviertan en una figura de referencia para nadie, especialmente para los más jóvenes, mermando su capacidad de atracción y su poder reclutador, desarrollándose para el caso programas integrales específicos de tratamiento y seguimiento, con atención a las perspectivas de edad y género.

Profesionales de distintas disciplinas -criminología, victimología, antropología, sociología, politología, judicatura, profesionales de la seguridad, psicología, psiquiatría, educación social, etc.- desarrollaron, expusieron y debatieron, investigaciones, teorías y experiencias sobre el fenómeno del terrorismo yihadista desde diferentes vertientes; el pasado, el presente y el futuro del victimario, la víctima y las variables de esta fenomenología delictiva.

Talleres paralelos:

Los talleres tenían como principal objetivo reunir a aquellos profesionales interesados en -o que trabajan en relación con el terrorismo yihadista- para abordar las distintas cuestiones que suscitan los temas que fueron objeto de atención en las sesiones plenarias, y ofrecer así líneas de actuación innovadoras en su tratamiento futuro.

-Demostrar públicamente el trabajo que se realiza para combatir al terrorismo yihadista.

-Reconocer ante la sociedad el compromiso que se tiene con las víctimas directas e indirectas que han sufrido y siguen sufriendo el terror del yihadismo.

-Identificar aquellos valores más inclusivos de humanidad, respeto, responsabilidad, voluntariedad, humildad, solidaridad, sinceridad… Entre todas las personas participantes.

-Aportar todo el valor material y profesional necesario para hacer frente al terrorismo yihadista.

-En definitiva, crear y fortalecer una red de redes que ayude a desenredar una tela de araña estructurada para desestabilizar un mundo globalizado, donde toda la sociedad está involucrada, siendo esta víctima directa o indirectamente.