17.Uzt.2020

El arte y la arquitectura son expresiones de un tiempo

“Aprovechemos una necesidad energética para hacer arquitectura”

“Una central hidroeléctrica puede ser tan bella como una catedral gótica”

“Los valores eternos de la arquitectura necesitan encontrar siempre nuevas expresiones formales”

“El tipismo y el folklorismo es mal conservadurismo”

“Cumplir la normativa del código de la edificación implica a veces dificultades casi insalvables para mantener los valores arquitectónicos de un edificio. Si se trata de un edificio a ladrillo visto que es lo que le aporta personalidad y lo tapamos con un panel metálico de envoltura para cumplir la normativa, adiós muy buenas. Tendremos mucha eficacia energética, pero habremos acabado con los valores arquitectónicos”

Lo decía así de claro Celestino García Braña, arquitecto y presidente de la Fundación Docomomo en el Curso de Verano “Las otras consecuencias de la rehabilitación energética de nuestros edificios: luces y sombras”

Ponía otro ejemplo: la introducción de la energía solar en la ciudad de Santiago de Compostela. “¿Cubrimos todos los edificios de un casco histórico con paneles solares? Esa es la cuestión”

Hay muchos edificios en los que la envoltura nueva con un panel eficiente energéticamente es perfectamente factible, muchos mejorarán “pero esa no puede ser una aplicación rutinaria y sistemática. No se puede vendar la belleza que queda oculta”. De ahí que Celestino García hable de soluciones vulgares y repetitivas en las que lo único que se tiene en cuenta es un problema técnico. Es muy importante y hay que tenerlo en cuenta, pero también trascender de esos mecanismos rutinarios para que cualquier operación de rehabilitación se convierta en un “no destruir valores y enriquecer lo que ya existe”

Es un tema muy complicado, pero igual que la arquitectura aprendió a intervenir en los casos históricos de nuestras ciudades, también llegó a dominar estos temas y “seguramente podremos encontrar, no sé si inspiración formal, pero sí una reflexión teórica”. A su juicio cuando en la década de los 70 comenzaron las rehabilitaciones se hicieron auténticos desastres. Poco a poco con las experiencias italianas y alguna holandesa, la arquitectura fue aprendiendo a encontrar mecanismos de intervención introduciendo elementos renovadores sin anular los valores históricos de los pueblos y los centros históricos. “El punto de partida del arquitecto y de las autoridades administrativas para intervenir en un casco histórico es: ¿cómo preservamos lo que hay?, ¿cómo añadimos lo que necesitamos? “Se trata de contar con la memoria encontrando lugar y forma para nuevas necesidades”

Consciente Celestino García de que es polémico decía que la arquitectura tiene mecanismos “para sin tirar nada y a veces, añadiendo algo, mejore sustancialmente lo que tenemos” Ponía como ejemplo su propuesta en Gijón en el año 2.000. La renovación de las fachadas del Muro de San Lorenzo. La solución que aportó fue añadir 3 metros de fachada hacia adelante de tal manera que todos los valores arquitectónicos se concentraban en la nueva fachada ocultando los desastres construidos. Lamentablemente no se llegó a ejecutar.

Celestino García se remitía también a las intervenciones de los arquitectos franceses Lacaton y Vassal sobre lo construido en los años 70. Por ejemplo, una torre desastrosa y deteriorada se rehabilitó dándole un volumen exterior. El interior se adaptó a las nuevas necesidades mientras la nueva fachada se cargó de valores arquitectónicos.

Tomando como referentes históricos de este procedimiento se remontaba a la reconstrucción de la Plaza Mayor de Madrid. “Allá por 1530 el arquitecto Gómez Mora no tiró las edificaciones medievales, sino que construyó un nuevo frente. Miguel Ángel en la Piazza del Campidoglio revistió viejas construcciones romanas añadiéndole una envolvente. Hay que aprovechar los recursos de la arquitectura existente para aportar más méritos” Son experiencias históricas y hay que tener en cuenta que “buena parte de la arquitectura europea, de sus ciudades, se ha hecho construyendo encima de lo que ya estaba construido. A veces sobre las fachadas, en otras añadiendo volúmenes, pero en definitiva “envolviendo”.

No acaba Celestino García con los ejemplos. Las estaciones de ferrocarril de Londres hechas a base de grandes andenes con tecnología metálica muy avanzada en el S XIX y grandes superficies acristaladas. La sociedad victoriana no entendía semejantes artefactos de ingeniería. Los arquitectos envuelven esas estructuras con elementos neo romanos en un caso y medievales en otro. La famosa catedral de Santiago de Compostela que hoy todo el mundo la vemos barroca esconde la vieja catedral románica anterior al S XVIII. En un momento la sociedad compostelana entendió que su estilo estaba ya pasado, sin atractivo para los peregrinos y la envolvieron al estilo barroco.

La arquitectura es una envoltura encima de otra. Envolver es una estrategia de largo alcance. Por eso no se puede envolver sistemáticamente con papel de celofán sino encontrando los papeles adecuados.

Para Celestino García las edificaciones de los años 60 en el sur de Europa y especialmente en España de muy mala calidad y hechas en plan masivo son las que requieren una especial atención. Conservar lo histórico es una lección aprendida. Lo que hace falta es transformar todos esos barrios de los años 60 y 70 en algo lindo. “Eso requiere una intervención al menos a media escala. A nivel de calle, a nivel de barrio. Hay que transformar barrios enteros, de ahí que la envolvente cumpla un papel fundamental. No se trata de poner un caparazón que aísle térmicamente un edificio sino de rediseñar el barrio entero. Hacer urbanismo” Las urgencias y las necesidades económicas determinan los ritmos, pero antes tenemos que saber cómo concebimos el barrio o la calle. Después llegará la rehabilitación casa por casa.

Celestino García ponía como ejemplo entrañable de una rehabilitación integral a la Plaza de la Trinidad de Donostia realizada por Peña Ganchegui. Un solar vacío tras un incendio, convertido en un frontón y poco más. Peña Ganchegi entendió y envolvió todo el espacio. “Comprendió el espíritu del lugar introduciendo nuevos usos al mismo tiempo que cosía todo y generaba ese nuevo ambiente”

Para semejantes proyectos “se necesita talento y libertad para actuar. Libertad para entender todas las posibilidades del lugar que hay que sacar a la luz. Por eso se necesita una normativa flexible que resuelva el problema con una lectura arquitectónica.