10.Ira.2018

La conducción autónoma es la que emula al ser humano y todavía está lejos de ser una realidad

“El objetivo final de la conducción autónoma es emular a una persona, y eso es muy difícil” ha afirmado Oihana Otaegui, Directora del área de Sistemas Inteligente de Transporte de Vicomtech en el curso de verano “Diseñando la movilidad del futuro. Movilidad eléctrica y sostenible” organizado por el Clúster de Movilidad y Logística de Euskadi y la UPV/EHU.

Para conseguir este objetivo es necesario cambiar la forma en la que hasta ahora se han ido incorporando los sistemas de ayuda a la conducción. “Son funcionalidades individuales que pueden ayudar en un momento concreto de la conducción pero que no interpretan la información que reciben”. Como ejemplo ha hablado de la ayuda por medio de pitidos a la hora de aparcar. Son sistemas que actúan en unas circunstancias concretas.
 
Esta ayuda estaría en el nivel 2 de los 6 en los que se divide el proceso de automatización total de la conducción. El nivel más bajo es el coche que no cuenta con ningún tipo de sistema de ayuda; el siguiente el que aporta algo de información al conductor, el tercero el que ayuda por ejemplo a mantenerse en el mismo carril, en uno superior hablaríamos de las autopistas con vigilancia inteligente, más arriba está el sistema que permite que el vehículo circule solo dentro de un parking y por último, está el nivel en el que el sistema actúe igual que lo haría el ser humano.
 
Para llegar a este punto se está invirtiendo mucho dinero en i+d. Pero además de innovación tecnológica hay que invertir también en esfuerzos para cambios en la sociedad. Estamos acostumbrados a una autonomía de 600km y con los vehículos eléctricos se reduce a la mitad. El vehículo del futuro tendrá mayor eficiencia en las baterías y en la conducción, ayudando al conductor a que el repostaje sea más eficiente.
 
La eficiencia en la conducción estará apoyada por toda la información que irán recogiendo las cámaras y los radares que incorporará el vehículo y que estarán conectados a un sistema informático que será capaz de interpretarlos y dar órdenes en función del escenario que se encuentre en cada momento. Por que como ha insistido la ponente, “una cosa es diseñar un vehículo que sepa circular por una carretera y otra que las condiciones de esa carretera sean siempre las mismas. Y es aquí donde radica el problema, ¿podrá la tecnología llegar a interpretar todas las condiciones medioambientales y humanas?. Y si algún día se consigue, ¿podrá convivir el vehículo autónomo con otros conducidos por personas?, por que como ha señalado “las carreteras actuales están señalizadas para que las interpretemos las personas, habrá que diseñar nuevos códigos que permitan que esa conducción autónoma sea eficiente y, sobre todo, segura”.
 

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