Koldo Telleria: cooperativas de vivienda en cesión de uso en pequeños municipios
El arquitecto analiza la importancia de entender la vivienda como un lugar para vivir y las ventajas del modelo cooperativo.
Koldo Telleria (Segura, 1972) es licenciado en Arquitectura, diplomado en Urbanismo y cuenta con un máster en Antropología. El pasado 2 de septiembre participó en el curso "Vivienda y municipios pequeños: retos, políticas y experiencias innovadoras", organizado en el Palacio Miramar en el marco de los Cursos de Verano de la UPV/EHU.
Telleria impartió la conferencia "Cooperativas de vivienda en cesión de uso en pequeños municipios", en la que abordó el problema de la vivienda en las pequeñas localidades y presentó un modelo alternativo para hacerle frente. En esta entrevista concedida a UIK, profundiza en el modelo de las cooperativas de vivienda en cesión de uso.
¿El problema de la vivienda es el mismo en los pueblos y en las ciudades?
El problema de la vivienda va más allá de la propia vivienda: es un problema relacionado con el lugar en el que vivimos, aunque normalmente lo reduzcamos a la vivienda. Debemos entender que lo que está en crisis es el entorno del hogar o el hábitat humano.
En las ciudades, la vivienda está más vinculada a la acumulación de capital. Se pide más dinero por una vivienda. En los pequeños municipios, en cambio, existen otro tipo de precios o dificultades. Yo diría que lo que está en crisis no es tanto la vivienda en sí, sino el hábitat en el que vivimos.
La propia terminología de "vivienda" es algo que deberíamos superar: si analizamos únicamente la vivienda, siempre estarán presentes la propiedad, el dinero y una perspectiva de lo privado. Esto genera diferencias entre los pueblos y las ciudades.
La pérdida de esos hábitats humanos que se está produciendo en los pequeños municipios también se ha hecho patente en las ciudades. Al mismo tiempo que se produce un movimiento de los pueblos hacia las ciudades, muchas personas están realizando el recorrido contrario. Y la situación de las viviendas o de los lugares para vivir en los pequeños municipios puede ser más vulnerable.
¿Cómo afecta la falta de población a la gestión de la vivienda en los pueblos? ¿Qué tipo de respuestas pueden plantearse?
El reto consiste en entender la vivienda como un lugar para vivir. De esta manera, el lugar en el que vivimos pasa de ser un espacio privado a convertirse en un espacio público, entendido como lugar de relación y como una red. Esto requiere que los lugares en los que vivimos cuenten con equipamientos y servicios.
Lo que está ocurriendo en los pequeños municipios es que la pérdida de población viene acompañada de una pérdida de servicios. Pero, al mismo tiempo, la sociedad se está organizando para conseguir los servicios que necesita, en muchos casos de manera cooperativa y colaborativa.
Los recursos que el mercado no proporciona tendrán que ser generados en los pequeños municipios por una sociedad organizada, con el objetivo de mantener el carácter local y permitir que sus habitantes puedan seguir viviendo allí, vinculados a la tierra, a los recursos naturales del entorno y a las relaciones tradicionales de la comunidad.
«Los recursos que el mercado no proporciona tendrán
que ser generados por una sociedad organizada»
¿Cómo funciona una cooperativa de vivienda?
Cuando hablamos de una cooperativa de vivienda en cesión de uso, estamos hablando de una comunidad, de la convivencia de un grupo humano y del lugar en el que vive. Ese espacio no se entiende como una vivienda privada. Existe una parte privada, en la que se desarrolla la vida privada, pero en el mismo edificio también hay zonas colectivas o espacios que utilizarán todas las personas, como grandes cocinas, zonas de trabajo o cuartos de lavandería.
Asimismo, puede haber espacios o locales destinados a ofrecer servicios públicos al barrio o al municipio.
En todo caso, se reúne un colectivo de personas que comparte un proyecto o una idea común sobre cómo vivir juntas. Las cooperativas no son viviendas privadas.
¿Cómo se integra una cooperativa de vivienda en un pequeño municipio en términos de permanencia y arraigo?
En las cooperativas de vivienda que tradicionalmente se han desarrollado en Euskal Herria, las viviendas se construyen de manera cooperativa, pero posteriormente cada una de ellas se adjudica individualmente y pasa a convertirse en propiedad privada.
En las cooperativas de vivienda en cesión de uso, en cambio, la propiedad de todo el edificio pertenece a la cooperativa. Las personas socias no son propietarias de una vivienda; realizan una aportación económica inicial, que a menudo ronda el 20 % del coste del edificio. A cambio, adquieren el derecho de uso de un espacio para vivir, con una zona privada y numerosos espacios comunes compartidos.
«Las cooperativas ayudan a mantener la vivienda fuera de la especulación.
La vivienda se entiende como un lugar para vivir»
Además, pagan mensualmente un canon. Ese canon se utiliza a menudo para pagar la hipoteca del edificio y financiar su mantenimiento. Sin embargo, la vivienda nunca se convierte en propiedad privada: las personas residentes forman parte de la cooperativa y participan activamente en el funcionamiento del edificio, tanto en su diseño y mantenimiento como en la definición de las normas y en la organización de las relaciones en los espacios comunes.
Si algún día una persona abandona el edificio, no vende la vivienda. Recupera la aportación económica que realizó inicialmente, pero no el canon que ha ido pagando mensualmente, ya que no se trata de un alquiler convencional. Después, será la propia cooperativa la que decida quién ocupará esa vivienda, de acuerdo con sus normas.
Por tanto, las cooperativas de vivienda en cesión de uso ayudan a arraigar a la población y, al mismo tiempo, a mantener la vivienda fuera de la especulación. La vivienda se entiende como un lugar para vivir y se organiza de manera cooperativa.
¿La gestión de estas cooperativas es privada o está en manos de las instituciones?
Existen distintas situaciones, y es algo que estamos analizando. Hay modelos diferentes en cada territorio. En los lugares donde este sistema ha alcanzado un mayor desarrollo existen, por ejemplo, grandes cooperativas que gestionan cientos de edificios mediante el modelo de cesión de uso. En esos casos, la gran cooperativa es propietaria de todos los edificios y en cada uno de ellos se crean asociaciones de residentes para organizar la gestión cotidiana y la convivencia.
En el caso de Euskadi, este movimiento se encuentra todavía en fase de desarrollo y, hasta ahora, las cooperativas que se han creado han sido privadas. Un grupo de personas se une, compra un terreno y construye en él una vivienda cooperativa.
No obstante, la Administración también está impulsando este modelo. El Gobierno Vasco, por ejemplo, ha promovido una cooperativa de 109 viviendas en cesión de uso en Txomin Enea, en Donostia/San Sebastián.
¿Es importante el papel de los ayuntamientos en este ámbito?
Por parte de los ayuntamientos, en Euskal Herria todavía no existe un gran desarrollo, ya que se trata de un modelo relativamente nuevo. En Cataluña, Suiza y otros países europeos, en cambio, existe una mayor implicación, tanto desde el punto de vista normativo como en materia de subvenciones.
En el caso de Euskal Herria, diría que el modelo todavía no es muy conocido y que existen dificultades para comprenderlo y desarrollarlo. Las leyes y las subvenciones están en proceso de adaptación, ya que cada vez se entiende mejor que el modelo de vivienda en cesión de uso puede contribuir a dar respuesta al problema de la vivienda.
Sin embargo, todavía queda camino por recorrer: hay que adaptar el modelo, comprenderlo mejor, darlo a conocer y superar muchos de los temores que existen en torno a él.
¿Hay municipios en Euskal Herria en los que se estén aplicando modelos de este tipo?
Actualmente existen cooperativas de vivienda en cesión de uso en funcionamiento en Euskal Herria, aunque todavía son muy pocas. En total, hay alrededor de cuatro en zonas rurales: tres en Bizkaia y una en Álava. En Gipuzkoa no existe ninguna experiencia de este tipo en el ámbito rural.
El caso más destacado de Gipuzkoa es el de Txomin Enea, en Donostia/San Sebastián: una cooperativa de 109 viviendas en cesión de uso promovida por la Administración.
¿Qué resultados han obtenido hasta ahora?
Hasta ahora, las cooperativas del ámbito rural han tenido que recorrer un camino bastante arduo. Han tenido que hacer frente a numerosos obstáculos, en gran medida porque han sido pioneras. Ser las primeras experiencias ha supuesto que hayan tenido que abrir muchas puertas por sí mismas y, todavía hoy, siguen encontrando problemas, especialmente relacionados con la legislación, los permisos y los procedimientos administrativos.
A pesar de ello, han obtenido resultados interesantes. En muchos casos han rehabilitado caseríos y, además de recuperar los edificios, han revitalizado los terrenos vinculados a ellos. De este modo, se han integrado en el entorno rural, reforzando la actividad local, recuperando el patrimonio construido y participando en el cuidado del territorio.
Además, continúan gestionando los bosques, las huertas y los terrenos del entorno, manteniendo la lógica tradicional del caserío, pero como una alternativa cooperativa adaptada a las necesidades actuales.