Mamadou Moustapha Ngom Dieng: “La migración no es un problema, sino una oportunidad de enriquecimiento cultural y social”
¿Cómo construir comunidades en las que todas las personas se sientan parte, independientemente de su origen, cultura o situación social? ¿Qué papel desempeñan los espacios de encuentro, las asociaciones y la participación vecinal en ese proceso?
Estas fueron algunas de las cuestiones abordadas en el Curso de Verano "Comunidades en acción: prácticas para la inclusión social", celebrado los días 2 y 3 de septiembre de 2026, bajo la dirección y organización conjunta con Batuz Gizarte Fundazioa y en colaboración con eLankidetza – Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad.
Entre las personas participantes estuvo Mamadou Moustapha Ngom Dieng, mediador intercultural de la Asociación Devenir, quien reflexiona en esta entrevista sobre la importancia de crear espacios de participación real, el valor de la diversidad cultural, las dificultades que afrontan las personas migrantes y las consecuencias de los discursos racistas. Una conversación que invita a entender la inclusión no solo como un principio teórico, sino como una práctica cotidiana que se construye desde los barrios y las relaciones comunitarias.
¿Qué es Devenir y cómo trabajáis en el día a día?
Devenir es una organización que trabaja en diferentes ámbitos relacionados con la diversidad, la interculturalidad y la inclusión social. Acompañamos proyectos y procesos inclusivos, y también desarrollamos iniciativas en colaboración con entidades públicas y privadas.
Nuestro trabajo está relacionado con la participación comunitaria y con la creación de procesos que puedan generar transformaciones sociales. Abordamos cuestiones como la diversidad cultural, la interculturalidad, las masculinidades y otros aspectos que tienen que ver con la convivencia y la inclusión.
¿Qué significa para ti una comunidad inclusiva?
Como mediador intercultural, creo que es importante entender que la inclusión muchas veces se queda en la teoría. Y esa teoría es difícil de trasladar a nuestra realidad si no conseguimos crear espacios donde las personas puedan encontrarse, verse y conversar.
Para mí, una comunidad inclusiva es aquella en la que todas las personas se sienten parte de ella. Es importante generar espacios cómodos, tranquilos y seguros, donde cada persona pueda participar y expresarse desde su propia identidad, independientemente de su origen, su cultura, su género o cualquier otra característica. No basta con hablar de inclusión. Hay que crear las condiciones para que esa inclusión exista realmente en nuestra vida cotidiana.
¿Qué importancia tienen los espacios informales, como el deporte, la cultura o las asociaciones, para generar participación y sentimiento de pertenencia?
Creo que los espacios deportivos y culturales son sumamente importantes porque no solo generan un sentimiento de pertenencia, sino que también refuerzan la identidad de las personas con el lugar en el que viven.
Cuando hablamos de un barrio, hablamos de relaciones comunitarias, familiares y vecinales. Son relaciones que nos socializan y que contribuyen a construir nuestra identidad. Las personas que viven en determinados barrios, especialmente en aquellos donde existe una mayor diversidad racial y cultural, pueden desarrollar un sentimiento de pertenencia muy fuerte.
Lo vemos, por ejemplo, en el deporte. Cuando Lamine Yamal marca un gol y lo celebra haciendo referencia al código postal de su barrio, está reivindicando esa identidad y ese vínculo con el lugar del que viene.
Los espacios deportivos tienen precisamente esa capacidad de reunir a personas diferentes. Eso no significa que en ellos no exista discriminación, porque existe. Pero son lugares donde, en muchas ocasiones, las personas pueden encontrarse más allá de su origen racial, su género o sus diferencias culturales. En esos espacios nos vemos como vecinos y vecinas, como personas que comparten una actividad y que forman parte de una misma comunidad.
¿Cómo se consigue la participación comunitaria cuando confluyen personas de diferentes culturas, religiones y tradiciones?
Creo que lo primero es entender que, aunque las personas procedamos de contextos culturales e identitarios diferentes, no somos tan distintas como a veces se piensa.
Muchas de nuestras preocupaciones son similares. La preocupación de una madre migrante puede ser exactamente la misma que la de una madre nacida aquí. Hay necesidades e inquietudes que compartimos, independientemente de nuestro origen cultural. Sin embargo, muchas veces ponemos el foco en aquello que nos separa, en las diferencias identitarias, en lugar de prestar atención a lo que tenemos en común.
También es importante entender que nuestras identidades no son algo fijo. Nadie nace con una identidad completamente definida. Somos el resultado de diferentes procesos de socialización: la familia, la calle, la escuela, la formación académica y las relaciones que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida.
En ese proceso adquirimos valores, tanto positivos como negativos, y estamos influidos por discursos, narrativas, experiencias y realidades que contribuyen a definir quiénes somos. Pero esas identidades también cambian. Dependen de las personas con las que nos relacionamos y de los territorios que habitamos. Por ejemplo, cuando una persona migra a otro país y aprende un idioma nuevo, no está aprendiendo únicamente una lengua. También está incorporando elementos culturales de esa sociedad.
Por eso creo que es importante reconocer las diferentes expresiones culturales, pero entendiendo que no son estáticas. Las culturas y las identidades se transforman constantemente a través de nuestras relaciones.
¿Cómo se puede fomentar la participación comunitaria entre personas migrantes o en situación de especial vulnerabilidad, que quizás tienen otras prioridades?
Creo que debemos empezar por entender qué significa realmente participar. La participación comienza con el acceso a la información. Después viene la posibilidad de acceder a los recursos y beneficiarse de ellos. Pero no podemos quedarnos únicamente ahí.
Muchas personas que se encuentran en situaciones de especial vulnerabilidad, como aquellas que viven en la calle, no participan en determinados espacios porque no siempre tienen las condiciones o las oportunidades necesarias para hacerlo.
Precisamente, durante las jornadas hablamos de la importancia de participar también en los espacios de poder. No se trata únicamente de convocar a las personas para que asistan a una actividad, sino de que tengan capacidad para decidir, proponer y participar en la organización de esos espacios y en la elección de los temas que se van a tratar.
Es importante crear espacios inclusivos, cómodos y tranquilos, que tengan en cuenta las diferentes situaciones de vulnerabilidad que existen en nuestra sociedad. La participación real también significa que las personas puedan acceder a los espacios donde se toman decisiones y tengan la posibilidad de influir en ellas.
La llamada "crisis migratoria" ocupa buena parte del debate público. ¿Cómo podemos dejar de entender la migración como un problema y empezar a verla como una oportunidad para la comunidad?
Creo que es importante hablar de los procesos históricos de la migración y entender los contextos que los provocan. Las personas no se levantan un día y deciden, sin más, que quieren marcharse a Europa. Detrás de esa decisión suele haber una necesidad, unas circunstancias y un proyecto de vida. Muchas veces, las personas se desplazan porque en su país no encuentran posibilidades de acceder a un empleo, a determinados recursos sociales, a la educación o a unas condiciones de vida adecuadas. Entonces buscan esas oportunidades en otros lugares.
Y eso no es algo exclusivo de las personas que vienen de otros países. Aquí también hemos vivido situaciones en las que muchas personas han tenido que desplazarse a otros territorios para desarrollar sus capacidades profesionales o satisfacer sus necesidades.
Los procesos migratorios responden a esas mismas dinámicas. Las personas se desplazan con un proyecto de vida y con unas expectativas. El problema es que, muchas veces, cuando llegan al territorio de destino, la realidad que encuentran no coincide con las expectativas que habían construido.
Creo que debemos entender que la movilidad humana es algo natural y que ha existido a lo largo de toda la historia. Las personas van a seguir desplazándose. Ni las vallas ni las fronteras van a detener esos movimientos, porque muchas veces las necesidades son mayores que los miedos.
Por eso es importante cambiar nuestra manera de entender la migración. La migración no es un problema, sino que debe entenderse como una oportunidad que contribuye al enriquecimiento cultural y social de nuestras comunidades.
¿Cómo afectan los bulos y los discursos racistas a la convivencia y al trabajo de asociaciones como Devenir?
Los bulos generan miedo. Y ese miedo puede alimentar prejuicios que terminan convirtiéndose en discriminación. El problema es que esa discriminación no se queda únicamente en las palabras. En muchas ocasiones puede llegar a provocar agresiones físicas. Cuando un dirigente político difunde un discurso que presenta a las personas migrantes como delincuentes, ese mensaje puede influir en la manera en que otras personas las perciben y las tratan en su vida cotidiana. Alguien puede acabar agrediendo a una persona simplemente porque ha interiorizado ese discurso y la identifica como delincuente por su origen.
Por eso creo que los bulos son muy peligrosos. No estamos hablando solamente de información falsa, sino de discursos que pueden tener consecuencias reales sobre la integridad y la vida de las personas. Hemos visto situaciones en las que el racismo y la criminalización de las personas migrantes han desembocado en hechos muy graves. En una sociedad democrática es fundamental garantizar el acceso a la información y la libertad de expresión, pero también debemos reflexionar sobre las consecuencias de los discursos que fomentan el odio y la discriminación.
¿Qué papel desempeñan asociaciones como Devenir frente a esos bulos?
Lo primero es informar y combatir la desinformación. Pero también creo que es importante analizar cómo se construyen los relatos y de dónde vienen. No basta con desmontar un bulo. Tenemos que ayudar a las personas a comprender por qué se ha creado, qué intereses hay detrás y qué finalidad persigue. Cuando una persona entiende de dónde viene una determinada narrativa y qué se pretende conseguir con ella, tiene más herramientas para cuestionarla y evitar que influya en su manera de pensar.
Como organización, también trabajamos para generar espacios cómodos y seguros donde las personas puedan acceder a información y encontrar acompañamiento. Es importante que sepan que existen recursos a los que pueden acudir y que no están solas ante una situación de discriminación. Ese acompañamiento puede incluir procesos sociales, judiciales o de mediación, dependiendo de las necesidades de cada persona.
Nuestro papel es también facilitar el acceso a esos recursos y contribuir a que una persona que ha sufrido una agresión o una situación discriminatoria pueda iniciar un proceso de reparación.
¿Cómo ves la realidad actual y qué sensaciones tienes respecto al futuro próximo?
La realidad es muy compleja y está muy relacionada con el contexto político que estamos viviendo. Nos acercamos a un periodo electoral y sabemos que los años electorales suelen ser especialmente difíciles para las personas migrantes. Una parte de los discursos políticos busca conseguir votos a través de la criminalización de determinados colectivos, vinculando la inmigración con la delincuencia y utilizando mentiras o bulos para alimentar esa percepción. Esos discursos se van construyendo y difundiendo, y terminan afectando especialmente a las personas que ya se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Por eso creo que tanto la realidad actual como el futuro próximo son complejos. Pero también es cierto que no es la primera vez que vivimos una situación así. Muchas personas somos conscientes de que los periodos electorales suelen ser momentos difíciles para los colectivos más vulnerables.