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Maren Berzosa: “No creo que el idioma sea un obstáculo; los prejuicios son la verdadera barrera”

La cantante habla sobre el papel que desempeña la lengua en la música, la acogida que tienen las canciones en euskera fuera del ámbito vasco y la conexión que las letras consiguen crear con el público más allá de las fronteras lingüísticas.

Maren Berzosa es cantante, compositora y cantautora vasca. Desde muy joven comenzó a escribir canciones y utilizó la música como una vía para expresar sus vivencias y experiencias. Tras publicar su primer EP, Alguien Sin Vergüenza, lanzó su primer disco, Margaritas y Lavanda. Gracias a este trabajo, tuvo la oportunidad de ofrecer conciertos tanto en Euskal Herria como a nivel estatal y de ampliar la difusión de su música. Recientemente, de la mano del Instituto Vasco Etxepare, ha participado como ponente en el XVI curso de Excelencia en Estudios Vascos, donde ha compartido su experiencia y su visión sobre la relación entre el euskera, la música y la internacionalización.

¿Qué relación tienes con el Instituto Etxepare y con Musika Bulegoa?

He colaborado en pocas ocasiones tanto con el Instituto Etxepare como con Musika Bulegoa. Aun así, durante mis primeras giras a nivel estatal, el Instituto Etxepare me ofrecía apoyo por cantar en euskera, y gracias a ello pude hacer frente a los gastos de las giras. Con Musika Bulegoa, en cambio, he participado en alguna ocasión en charlas u otro tipo de iniciativas similares.

Aunque empezaste cantando en euskera en casa, profesionalmente comenzaste en inglés. ¿Cómo ha cambiado desde entonces el uso del euskera, el castellano y el inglés en tu música?

El euskera es mi lengua materna y la que siento más cercana emocionalmente. Al principio hacía música en euskera y en inglés; después me decanté por el inglés y también empecé a escribir en castellano. Intento mantener un equilibrio entre las tres lenguas, aunque es algo muy difícil. Tengo claro que debemos proteger, reivindicar y utilizar nuestra lengua, sobre todo porque es importante entre la gente de mi edad. Ha ido cambiando en función de las oportunidades y del momento.

¿Crees que cantar en euskera añade dificultades a la hora de abrirse camino a nivel estatal o internacional? ¿Qué peso siguen teniendo los prejuicios en torno a la lengua?

Yo no hice ese cambio pensando que con ello iba a tener más o menos éxito, sino porque en ese momento y en ese entorno de trabajo se dio así. Pero creo que, con la fuerza que tiene actualmente la música vasca, existen muchas redes y movimientos en todo el mundo para que el euskera tenga su lugar, y podemos llegar más lejos cantando en euskera. No creo que el idioma sea el obstáculo, sino que el verdadero límite está en los prejuicios. En cualquier caso, diría que con el paso del tiempo el euskera es cada vez más fuerte, tanto aquí como fuera.

¿Qué tipo de acogida genera cantar en diferentes lenguas en Euskal Herria y fuera de Euskal Herria?

Se reciben muy bien. Después de los conciertos, muchas veces se acercan personas que no hablan euskera y me dicen: «Me ha gustado mucho esta canción que has cantado en euskera», y esos momentos siempre son destacables. Cuando hemos cantado en euskera en grandes festivales, he entrado un poco como una infiltrada, porque llegar a este tipo de espacios únicamente cantando en euskera es difícil. Sabiendo eso, era consciente de que cantar en euskera era una reivindicación y una forma de ocupar ese lugar o esa escena. Y por eso siempre hemos tenido una acogida muy bonita.

¿En qué espacios encuentra el euskera su lugar más natural?

Para mí ha sido más fácil actuar en euskera en salas pequeñas, porque no tenemos un límite de tiempo tan estricto. En los festivales, en cambio, depende del horario: normalmente tenemos entre 30 y 50 minutos y, además, si es durante el día, la atención del público suele ser menor. Por eso, en ese contexto es más complicado. En los festivales llevamos la duración del repertorio muy medida; en las salas nos extendemos más, y en los conciertos acústicos ocurre lo mismo.

Creo que en los conciertos acústicos suele haber más canciones en euskera que en otros formatos, dependiendo del lugar. Si estoy en Euskal Herria, diría que podría hacer un concierto completamente en euskera; de vez en cuando también hacemos conciertos en euskera. Cuando vamos fuera, creo que también sería posible y no pienso que hubiera ningún problema. Pero es cierto que las canciones más conocidas de mi trayectoria han sido en castellano, y por eso se ha generado esa tendencia: las canciones principales que la gente conocía eran en castellano, aunque también he publicado música en euskera.

¿Qué crees que hace que tus canciones conecten con el público? ¿Qué peso tiene la lengua en esa conexión?

Cuando escribo en euskera podría decirse que estoy mucho más cerca de mí misma, y que lo que escribo es más frágil y personal. He tenido que aprender a escribir en castellano, porque la forma de expresarme no es la misma y me ha costado más no caer en los clichés. Por eso creo que cuando escribo en castellano utilizo muchísimo la ironía, mientras que en euskera ocurre lo contrario: siento que es mucho más auténtico. Y entonces, cuando vamos fuera y cantamos en castellano, también pienso que mi forma de hacer las cosas sigue siendo de aquí.

Dejando a un lado la cuestión lingüística, se puede decir que mi identidad siempre es de aquí, en cualquier cosa que hago. Durante mucho tiempo he pensado, quizá desde una especie de prejuicio, que cada persona solo sentiría una verdadera cercanía en su propia lengua. Pero las canciones que hemos publicado en los últimos meses me han demostrado lo contrario.

Por ejemplo, cuando publicamos Zure zain, añadimos subtítulos en castellano para que la gente pudiera entenderla, y muchas personas se emocionaron profundamente. Han hecho el esfuerzo de comprender el mensaje y hemos recibido mensajes realmente emocionantes por parte de personas que no hablan euskera. No nos escriben por la lengua, sino por la emoción que les han provocado las canciones: para darnos las gracias, para decirnos que les hemos llegado. Ahí nos dimos cuenta de que la conexión real no depende del idioma; lo que conecta son las emociones, independientemente de que el oyente conozca o no esa lengua.