Salvador Rueda, creador de las supermanzanas: "Con solo reducir un 15% de vehículos en circulación liberamos un 70% de espacio”
El modelo urbano actual se enfrenta a un reto importante. Las ciudades no solo son los principales escenarios donde se manifiesta el cambio climático, sino que son también grandes emisoras de gases de efecto invernadero. El ecólogo urbano Salvador Rueda, presidente y director de la Fundación Ecología Urbana y Territorial, diseñó el concepto de urbanismo ecosistémico, que plantea un modelo integral diseñado para transformar las ciudades en escenarios resilientes ante el cambio climático y para devolver el espacio público a la ciudadanía.
La principal expresión de este modelo es el concepto de supermanzana, la "célula" o unidad básica de un nuevo modelo de urbanismo diseñado para las ciudades del siglo XXI. Salvador Rueda destacó en el Donostia Sustainability Forum que el objetivo que persiguen es la renaturalización de la ciudad como estrategia de supervivencia y adaptación para mitigar olas de calor y riesgos de inundación.
La clave fundamental para permitir que la naturaleza regrese a la ciudad reside en el cambio del modelo de movilidad. Según Rueda, es imposible revertir la situación actual si las calles siguen ocupadas mayoritariamente por vehículos en circulación o aparcamiento. El modelo de las supermanzanas propone rediseñar las redes de movilidad para liberar grandes porcentajes de vía pública. Para lograrlo, se organiza la ciudad en dos niveles: Las vías exteriores de cada supermanzana se dedican al tráfico de paso, transporte público y mercancías, conectando los distintos puntos de la ciudad, mientras que el espacio interior se reserva para los residentes y servicios locales, con una velocidad limitada a 10 km/h.
"El modelo de supermanzanas nos permite de manera integral prácticamente cambiarlo todo sin cambiar nada; simplemente rediseñando las redes cambia radicalmente la ciudad" declaró el ecólogo catalán. En las zonas de Barcelona en las que se ha aplicado este modelo, por ejemplo, se han creado 2.500 calles de prioridad peatonal, liberando cerca de 7 millones de metros cuadrados. La eficiencia del modelo es asombrosa, añadió Salvador Rueda, ya que con solo reducir un 15% de los vehículos en circulación, se puede liberar hasta un 70% del espacio público. En el caso de Barcelona, ya se ha logrado una reducción del 25% del tráfico, lo que permitiría implantar este sistema de forma inmediata y masiva.
Un mandato europeo
La urgencia de transformar el entorno urbano cuenta ahora con un respaldo normativo de obligado cumplimiento: el Reglamento 2024/1991 del Parlamento Europeo sobre la restauración de la naturaleza. Este documento establece que, para el 31 de diciembre de 2030, las ciudades deben garantizar que no exista una pérdida neta de espacio verde ni de cobertura arbórea en comparación con 2024. A partir de 2031, la norma exige una tendencia creciente en estos indicadores hasta alcanzar niveles satisfactorios. El urbanismo ecosistémico de Rueda se presenta como la herramienta metodológica para diseñar las estrategias que permitan cumplir con estas exigencias.
Como responsable del plan de movilidad puesto en marcha en Vitoria-Gasteiz, Salvador Rueda explicó que esta ciudad ha pasado de 47.000 a 80.000 árboles de alineación, lo que demuestra que la transformación es posible y exitosa. Vitoria realizó un cambio radical en su red de transporte público en octubre de 2009, pasando de 18 líneas de autobuses a solo 7. Este rediseño, basado en una red ortogonal más eficiente, permitió que la ciudadanía tuviera paradas más próximas y frecuencias más altas. Como resultado, el porcentaje de nuevos usuarios creció más del 100% antes de la pandemia. Además, para reducir el tráfico, se triplicó el precio del aparcamiento en calzada, logrando que el flujo vehicular disminuyera de forma ordenada.
Renaturalización: Más allá de la estética
Rueda advirtió que la renaturalización efectiva para adaptarse al cambio climático requiere un enfoque científico y sistémico, no meramente visual. La naturaleza actúa como la mejor "máquina refrigeradora" gracias a la evapotranspiración. Al evaporarse el agua, se absorbe energía del ambiente, enfriándolo de manera natural. Para lograr este impacto, el urbanismo ecosistémico propone medidas como la creación de una doble alfombra verde, que crea una capa de vegetación en superficie y otra en altura para maximizar la biodiversidad y el control térmico, y los suelos permeables, que permiten la oxigenación de las raíces y la infiltración del agua de lluvia. Esto reduce drásticamente el riesgo de inundaciones y permite recargar los acuíferos en lugar de saturar las depuradoras.
Del "Peatón" al "Ciudadano"
Salvador Rueda explicó que el peatón que se dirige de un sitio a otro sigue funcionando como un "medio de transporte" y que su modelo de ciudad se plantea para "el ciudadano". El espacio público liberado en el interior de las supermanzanas debe dedicarse, a su juicio, para jugar, intercambiar, disfrutar del arte o simplemente estar. Además, añadió, la evidencia muestra que estas intervenciones son motores económicos: en las zonas transformadas, la actividad comercial se incrementa entre un 15% y un 60%.
Impacto en la salud
La implantación de este modelo no solo responde a criterios ambientales, sino también de salud pública. En Barcelona, se estima que la aplicación total de las supermanzanas evitaría casi 700 muertes prematuras anuales, miles de ataques de asma y bronquitis, y ahorraría 1.700 millones de euros en costes sanitarios.